Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso.
Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos.Luchaba contra sus enemigos, que era malos, mezquinos y odiosos. Mataba a dragones y rescataba a damiselas en apuros.
Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre
de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas y,
debido a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se
mostraban furiosas con el caballero. Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el
mundo.Nuestro caballero era famoso por su
armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo
juraba no haber visto el sol salir en el norte o ponerse en el este cuando el
caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con bastante frecuencia.
Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura
entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su
entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.Del Libro "El Caballero de la Armadura Oxidada", de Robert Fisher.
viernes, 3 de junio de 2011
El dilema del caballero
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario